Agencia In House (THE REAL)




A causa de la pandemia las experiencias de trabajo han sido muy diversas y todos las hemos vivido de manera diferente. Por un lado están esos para los que ya de uno u otro modo el trabajo en casa era familiar, o los que podían hacerlo pero no lo habían intentado más allá de llevar el que tenían atrasado, o los que simplemente no pueden trabajar desde su hogar porque tienen que ir a algún lugar, de esos hay miles también.


Los que podemos trabajar frente a una pantalla somos afortunados, en ese sentido la pandemia nos golpeó un poco más suave.


Muchos de nosotros (casi todos en el gremio) ya sabemos lo que es trabajar en casa, hasta tarde o a horas no convencionales. Pero también creo que esta situación es diferente y el hecho de tener tanto tiempo en el hogar nos ha permitido ver desde otra orilla. Es tiempo que antes no nos dedicábamos a nosotros, a nuestros gustos, a cosas banales, a dormir a deshoras, a arreglar cosas viejas, a leer, a jugar, a cocinar y por supuesto a lavar loza.


Entre tanto material que deja el aislamiento preventivo obligatorio inteligente vegano voluntario contemporáneo social, me detuve a pensar un poco en cómo tratamos de llevar una “vida normal”, de seguir haciendo lo que hacíamos pero ahora sin salir de casa. Tratamos de adaptar un espacio, de tener unos “horarios”, de hacer como si nada pasara, buscamos seguir el rumbo y hacer como si nada cambiara con esta nueva realidad. 


Por estos días el pensatorio se confunde con el dormitorio, se improvisan fondos para reuniones, en la mañana estamos en una biblioteca y en la tarde en un jardín, el comedor se convirtió en sala de juntas, se atienden llamadas desde el inodoro, la pinta de trabajo va de la cintura para arriba, el “voy llegando” es ahora un “me estoy conectando”, dormimos casi hasta la hora de entrada, nadie nos hace videos cuando nos quedamos dormidos en el puesto y cosa rara, la sala casi nunca está reservada. 


Por estos días, las pagadas de piso, las tardeadas de viernes, las sentadas a echar cabeza, la salidita por empanada, el café de la mañana, el borondo de la tarde, la quedada con pizza, el “no hay taxis” de las noches de trasnocho, el “puta, comenzó a llover” del medio día o la hora de salida, la reunionitis y demás cotidianidades publicitarias… parecen cosa del pasado.


Por ahora se hizo realidad (a la brava) el sueño de muchos, el anhelado “Homeoffice”, el teletrabajo… aunque así, así, no nos lo imaginábamos. Fue un poco muy abrupto y quedó claro que no estábamos preparados para este encierro tan salvaje.


Aunque no pongo en duda ninguna de las ventajas de trabajar en casa, creo que por lo menos para nuestra labor si hace falta ir -al menos por ratos o días- a un sitio a compartir vivencias, anécdotas, cacharros, chistes, chorros, insights, historias tristes, historias felices, vida.


¿Volveremos? si, ¿cómo? no sabemos.


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