Todo a mil



Todo a mil se le llama en Colombia -por lo menos en Bogotá-, a uno de esos almacenes en donde venden miles de cosas, esos que son como una cacharrería 2.0 con algo de miscelánea, tienda de mascotas, almacén de regalos y tecnología económica en uno, pero con la particularidad de que todo es barato, muy barato, tanto que muchas de sus cosas se consiguen desde mil pesos o menos, como diría una amiga por ahí: “como un Dollar City”... si, pero más barato, más como un Luca-City diría yo, son como una versión colombiana de un Miniso (léase bien, versión colombiana).


Son lugares llenos de magia y no me refiero a la magia de lo barato, porque si es barato, no, la magia es su universalidad o mejor dicho, que hay de todo, son templos del desvare, en donde se encuentra desde una peinilla clásica de esas que mi tío cargaba en el bolsillo, hasta cometas de Peppa Pig, máscaras, moñas, plastilina, vidrios para el celular, atrapasueños, comida para pájaros, luces de navidad, regalos económicos para la novia, 2 encendedores en mil, mugs, canicas de colores, corchos, yoyos, pilas doble A y alcancías, en fin, todo lo que uno se pueda imaginar (bueno, eso que está pensando no, eso no). Al final son una muestra de cultura y cotidianidad, sitios llenos de curiosidades comunes, de chucherías necesarias y prueba real de que casi todo se hace en China.


“Mijo, vaya al agáchese y compre un caucho para la olla pitadora, si no estos fríjoles nunca van a estar”.


Por eso este espacio es un Todo a mil, porque va desde unas letras o un meme, hasta un tratado de culinaria orgánica canina. Bienvenidos, traigan sencillo porque no tengo vueltas.

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